viernes, 29 de febrero de 2008

La escuela era un castigo.


En Barcelona pase por tres escuelas, la primera municipal "Obispo Irurita" (hoy, Mas Casanoves) en mi recuerdo está la leche en polvo y la formación en el patio para entrar a clase, al poco tiempo pase a la academia "Nebrija" estaba compuesta por dos profesoras (Herminia y Mercedes) de las cuales guardo un grato recuerdo y la directora (Angustia) que imponía mucho respeto, años mas tarde y sin que yo dijera nada reconoció que todo giraba alrededor del castigo, reprimir, censurar, atemorizar esa era la pedagogía Franquista que se imponía. Habrían niños motivados para el estudio pero yo siendo una persona normal (aunque me faltaba autovaloración) no encontraba el momento de estudiar y así iban pasando los días.

Después de unos años ingrese en la academia "Martínez" (con poca ilusión y mucho miedo) las cosas seguían igual, el castigo, la humillación en la clase de las chicas y si no, el director cogiéndote de las patillas tiraba hacia arriba mientras uno elevaba el cuerpo con el fin de mitigar en lo posible el dolor, lo cual no impedía que se cayeran algunas lágrimas.
Todo habría sido diferente y mejor si hubiera recibido ayuda de algún tipo. Los premios eran para los "elegidos" recuerdo que el profesor Martínez y su mujer algún domingo se los llevaban a pasear, a mí me llevo una vez, me sentí muy bien hasta que a alguien se le ocurrió hacerle un regalo a su hijo, y yo, como no tenía ni un céntimo no pude participar, también es mala suerte! (nuevamente me sentí mal). El recibo del mes era otro de los motivos que me hacían diferente a la mayoría, mi padre esperaba el ultimo día para pagarlo y siempre era el director el que me lo recordaba.
El director y mi profesor se llamaban los dos "Angel Martínez", recuerdo que al director, todos, incluido los padres de los alumnos, le llamaban poniendo delante el "Don", ósea "Don Angel" y al profesor "Sr.Martínez" esto parece que disgusto al profesor y en una clase nos comento que el tenía los mismos estudios que el director por lo tanto tenía derecho al mismo trato, esto del "Don" muchos niños no lo entendimos. (entonces nos pareció una tontería, y ahora pasado el tiempo sigue pareciéndome lo mismo)
También tuve como profesor al Sr. Correa, un buen hombre y como siempre ocurre una mayoría se empeñaba en hacerle la vida imposible, no puedes demostrar buenos sentimientos pues muchos lo ven como debilidad, incluso piensan y quieren tratarte como idiota cuando en realidad los idiotas son ellos.
En la academia Martínez teníamos clase de dibujo, reconozco que era de las pocas materias en la que realmente me sentía bien, el tiempo que empleaba en dibujar siempre me perecía poco. Posiblemente el director, en esta ocasión valorando mi trabajo y asumiendo la falta de medios de mi familia me ofreció participar en las clases nocturnas y de manera gratuita cosa que realice durante la ultima temporada, fue realmente un detalle por su parte.
Y por fin! llego el día tan esperado por mí de abandonar la escuela(había cumplido 14 años)no quisiera decir que me quite un gran peso de encima, pero realmente así lo sentía, este momento por lo absurdo me recuerda el famoso grito del fundador de la legión ¡abajo la inteligencia, viva la muerte!.

Pasado los años me he encontrado a Don Ángel (el director) me habría gustado saludarlo pero volviendo a mí el recuerdo y lo mal que lo pase mientras estuve bajo su tutela, pasaba ignorando su presencia.

Rosalia de Castro (un equipo de fútbol)


Los chavales del barrio pensamos y decidimos crear un equipo de fútbol, nos reunimos para tomar decisiones, se habló y se acordó cual serían nuestros colores, elegimos, camiseta amarilla y negro para el pantalón, "michetas" amarilla con vuelta negra, también acordamos federarnos, más tarde, vino decidir el nombre del equipo, la gran mayoría lo teníamos muy claro, casi todos vivíamos en la misma zona por eso coincidimos llamar al equipo "ROSALIA DE CASTRO" como nuestra calle, el equipo estaba abierto a todos. Nos federamos y empezamos la liga, jugábamos en el campo del velódromo (hoy desaparecido) se encontraba justo encima del Cuartel de la calle Lepanto (en la actualidad dependencias de la Guardia Urbana y oficinas de ocupación del INEM) también jugamos en las viviendas del Congreso, campo del Júpiter, Roquetas Etc.


Estábamos en competición cuando entraron a formar parte del club y como directivos, algunas personas mayores, hicieron una selección y algo que nosotros no entendimos, nos cambiaron el nombre, ROSALIA DE CASTRO, no podía ser el de un equipo de fútbol) ¡ era nombre de mujer!.
Fuimos saliendo del equipo y poco a poco iban quedando menos de aquellos que lo fundaron, algunos de los que quedaron los ficho la empresa DAMM, con lo cual del equipo inicial no quedo ninguno.
La intención nuestra era pasarlo bien, pero los mayores, algunos mayores, parece que esto no era suficiente.

( El fútbol siendo algo que me gustaba practicar reconozco que jugando era mediocre, más bien tirando a malo y en cuanto al tema de espectador, no me a interesado nunca.)

Los cines del barrio.

El Venus: Situado en la Avda. Gaudi cerca del Hospital de Sant Pau (y frente la Academia Martínez)era el más popular, los domingo las dos películas y el Nodo, las pipas y palomitas, allí nos encontrábamos casi todo el barrio, (entonces no teníamos televisor). Las películas, las llamadas "Españolada" casi todas de risa, José Isbert, Toni Leblanc, J.L.López Vázquez etc... 

cine Máximo

EL Máximo: En la travesera de Gracia esquina Sicilia, allí vi la película "Dracula" del Cristopher Lee, pase más miedo que "once viejas". El Monterrey: En las "escaleretas" este era más moderno y recuerdo que iba entre semana con mi hermana Rosario. El Delicias: En travesera de Gracia, él más grande y de más categoría. Estos cines como tantos otros, han desaparecido, fueron una parte de nuestra historia colectiva, un punto de encuentro de todo un barrio, no hicimos nada por ellos ¡nos lo quitaron! no eran negocio, ellos que tantos días de alegría nos dieron, y nosotros, que en un solo día nos dejamos arrebatar. ¡Así es la vida! Es curioso pero en el local del Venus, cuando fue derruido, construyeron unas galerías y estas nunca han funcionado, más tarde y durante mucho tiempo fue un local abandonado, por fin pusieron lo que parecía que podría funcionar, un "self-service" de pastas y ensaladas; llevan dos años y siempre esta vació ¿serán también los fantasmas, como dice Serrat?

Con los amigos.


Tani, Diego, yo y él Suso (Una imagen vale más que cien palabras)

Primer trabajo.

EL Fernando que era el portero de nuestro equipo de fútbol, trabajaba de pastelero y me comentó que estaban buscando un aprendiz. Me presenté. Uno de los problemas, era levantarse a las cuatro de la mañana y marchar a pie (de noche) a la pastelería Novel, situada en la calle Roger nº 2 del Clot.

Allí, se preparaban los croissants y ensaimadas, después había que repartirlas por los bares y tiendas del barrio, también por el mercado; repartir con una caja de madera encima de la cabeza no me hacía mucha gracia, más bien me daba vergüenza.

En el frigorífico había sacos de almendras, se me iban los ojos detrás y… sin poder resistir, cogí unas cuantas, muy poquitas.

(Sentí que estaba cometiendo un gran robo, ¡un robo de diez almendras!). Aguanté una semana, después, pedí el despido.


Segundo trabajo.

Tenia 14 años cuando mi padre me consiguió trabajo en una empresa de instalaciones eléctricas (Elect.Vallespin), fue el año que mataron al presidente Kennedy. La empresa estaba situada en la calle Ataulfo del barrio Gótico, cada día cogía cuatro veces el autobús (el 19) pues al medio día iba a comer a casa, entré ganando 175 con 50 céntimos a la semana, el trabajo se me daba bien y fui cogiendo experiencia y facilidad para realizarlo. Mi primer trabajo fue pintar un montón de tubos de chapa metálica y en su interior de cartón, se llamaban, tubos "berman" ( hoy ya no se colocan) estos lo usábamos para empotrar en la pared y luego en su interior pasaban los cables eléctricos (los tubos de plástico todavía no existían, por lo menos en Cataluña) era invierno, pintaba con guantes de goma y estos estaban helados.

Yo y José Sanchez


El tiempo iba pasando y comprobé que en lo referente al sueldo siempre era yo el que tenía que dar el primer paso, cosa que hice en varias ocasiones y las cuales aceptaron.
Realice muchas instalaciones en aquella época y sinceramente si tengo que destacar algo sigue siendo el frío, creo que nunca he pasado tanto, la ropa no era la adecuada, por no tener no tenía ni un simple anorak, y en las obras, el aire circulaba a su antojo, pasabas resfriado la mayor parte del invierno hasta que por fin llegaba el buen tiempo.

El pasaje (paso público entre dos calles)

Mi padre y mis hermanas Carmen y Rosario en el pasaje.

Tenía 12 años cuando fuimos a vivir al "pasaje" una planta baja compuesta por dos habitaciones y un comedor-cocina con un total de 30 mts. cuadrados de superficie, en verano te asabas de calor y en invierno las goteras y el frío, por si fuera poco tenía el inconveniente de no disponer de baño (un lujo en aquellos tiempos) así que utilizábamos la típica palangana, pasados los años, y ya trabajando, acudía a los baños públicos, uno de ellos situado en las desaparecidas "piscinas de Gracia" en la travesera del mismo nombre, entre el paseo de San Juan y la calle Bailen, al lado del también desaparecido cine Delicias. Otro de los baños al que también acudía estaba situado en el pasaje de Simón, cerca de la Sagrada Familia.
El alquiler del pasaje era de 500 ptas. al mes y una entrada de 30.000 ptas. mis padres apenas disponían de la mitad del dinero y el resto lo pidieron prestado a mis tíos, se lo ofrecieron, pero, acompañado de una nota que mi padre firmó reconociendo dicho préstamo. Pasaron los días y después de meditar lo absurdo de la nota (se trataba de la familia) mi tío fue al trabajo de mi padre, le pidió disculpas y ha continuación la rompió. Mi padre le dijo, -mi intención es devolverte el dinero lo antes posible, pero suponiendo que no pudiera, si no pudiera pagarte ¿que harías, me ibas a denunciar? mi tío contesto, ¡no, eso no! . Todos cometemos fallos, aunque algunos como este y entre familia creía que no debían de existir, ahora se (por experiencia) que puede ocurrir de todo.
Poco más de un año llevábamos viviendo en el pasaje cuando mi madre quedo embarazada, y al tiempo previsto nació mi hermana MªCarmen, el parto tuvo lugar en la Residencia del Valle Hebron entonces de "Francisco Franco".
Llegado este momento tengo que decir que yo no sabia que mi madre estaba embarazada ¿ os preguntareis como es que no lo sabia? ¿qué corto, diréis algunos? ¡pues si¡ corticos mis padres; los que conocemos a mi madre sabemos cuales son sus medidas, pues siempre tuvo la misma, ¡siempre esta embarazada!. Imaginaros que tiempos corrían que el traer un hijo al mundo se ocultaba como una vergüenza, mi padre me dijo -¡me voy con la mama, a buscar un hermanito! y yo me quede "pasmado"... como un gilipollas.
Al paso del tiempo mi tía hizo un comentario a mi madre ¡la MªCarmen a nacido de la alegría de vivir en el pasaje! posiblemente tenía toda la razón pero la intención y la manera de decirlo me recordaba a otra vez cuando dijo ¡tu, no te creas que tus hijos son guapos! o la observación que le hizo sobre mi ¿no crees que tu hijo es un poco raro? y todo por ser un niño pacifico e introvertido (quisiera creer que donde yo veía malicia solo había ignorancia).
Siempre me viene a la memoria el frió, ¿hacia mas frió? o ¿teníamos menos medios para combatirlo? - de todo un poco. El invierno, la noche, la cama con las sábanas heladas y yo sin pijama, con un simple calzoncillo y una camiseta, muchas noches mi madre nos ponía una botella de agua caliente envuelta en toallas, esto aliviaba un poco, después, pasado un rato entrábamos en calor.
La Navidad, a pesar de tener menos medios económicos la recuerdo con mucha ilusión, todo era fiesta, los tenderetes de la Catedral, los mostradores llenos de figuritas del belén, aquellas figuritas de barro hechas por artesanos. Lo de menos para mí era el significado de la fiesta, lo importante era la familia, todos sentados alrededor de la mesa, comiendo los roscos de anís y pestiños que mi madre y nosotros habíamos hecho en nochebuena, cantando villancicos con la pandereta la zambomba y mi padre, con la sonrisa en la cara y la cuchara en la mano rascando la botella de anís del mono.

Mi abuelo liando un cigarrillo en el pasaje.