Fue en Vilanova, estábamos paseando con mis hermanas cuando de un contenedor un chico había encontrado una gatita.
Nos dijo que él se la quedaría, pero tenía alergia a los gatos, así que mis hermanas la cogieron (después pensarían que hacer con ella). Mi hermana M.ª Carmen ya tenía un gato, y Rosario dos perras pequeñas. A mí no me importaba, pero, M.ª Ángeles pensó que sería un problema, y más ahora, que tenía el compromiso de cuidar a su madre, no quería "de momento" tener una gata). Por la noche volvimos a Barcelona y una vez en casa, mi hermana Rosario, llamó a su hijo que bajaba con las perritas. Al explicarle las intenciones de quedarse la gata, mi sobrino le contesto de mala manera -¡Estas tonta! ¡Cómo va entrar una gata en casa, teniendo dos perras! Tenía un problema, ¿Qué haría con la gata? Así que nos propuso que nos la quedáramos de momento, mañana vendría por ella y se la llevaría al veterinario. Durmió con nosotros, y como me suponía ya no saldría de casa.
La gata es blanca y negra, las manchas no son simétricas, tiene una blanca en el lado izquierdo del morro que le da una imagen rara. Es asustadiza y está siempre en tensión, (no sabemos su historia, pero el veterinario comenta que quizás la sacaron muy pronto de la madre y nadie le enseñó) no admite caricias y siempre reacciona con intenciones de morder (aunque solo marca, no muerde) tiene lo que diríamos ¡malafollá! Es poco maulladora, (pero no es muda) pocas veces maúlla, solo cuando se cansa en el coche o cuando se enreda entre las piernas y sin querer le pisas el rabo. El nombre se lo puse yo. Mi sobrino cuando era pequeño le decíamos - ¿llama a Jana? (nuestra hija) y él decía ¡Kita! (nada que ver). Pasado un tiempo y viendo su carácter… digo en broma que Kita viene de "Pa-Kita" (por el carácter, parecido a mi suegra). Es educada. Se porta muy bien, no rompe nada, no araña cortinas, no come otra cosa que no sea su comida. Le gusta el agua corriente de los grifos, aunque a veces cuando le apetece bebe de los cacharros del fregadero. Acude cuando la llamamos. En el pueblo, le gusta salir a la puerta y trepar a los árboles. Cuando estamos en casa, hace mucha compañía. Ya lleva cinco años con nosotros y ahora admite alguna caricia, pero no te excedas, porque enseguida te rechaza. Quisiera que cambiara, pero… así es su carácter, no es cariñosa, ¿Qué le vamos hacer?
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