Salimos de Barcelona y aproximadamente en cuatro horas ya estabamos en Arlés, Mª Angeles había hecho la reserva en un apartamento, sencillo pero acogedor (de nuestro gusto) estaba situado en Saint Remy, entre el pueblo y la casa de reposo de Sant Paul de Mausole, allí donde estuvo ingresado Vincent Van Gogh, la persona que nos atendió fue muy amable, tomamos posesión del lugar y después aprovechamos la tarde dando un paseo por la zona.
Al día siguiente recorrimos de nuevo el pueblo, había el mercado de cada semana y sabiendo el interés de MªAngeles y sin ser mucho problema por mi parte estuvimos recorriendo las paradas. Aprovechamos la estancia en el pueblo para conseguir información de la zona, así mas tarde realizamos una visita al barranco del Piroulet, (fuente de inspiración para algún cuadro de Vincent) un lugar muy bonito, en la parte alta del barranco una presa recoge las aguas formando un pequeño estanque rodeado de montañas (en tiempos de los romanos ya recogían el agua y a través de un viaducto de 75 Km. llevaban agua a la ciudad de Arlés).
Una tarde marché andando por los alrededores, fui hacia el sanatorio de Sant Paul de Mausole, allí estuve fotografiando el lugar, después entre los pinos y los bancos de piedra sentado en la hierba continúe garabateando la libreta mientras Mª Angeles se perdía por las calles de Saint Remy. Fueron unos momentos llenos de satisfacción, el lugar invitaba a mis pensamientos y sentimientos y estos iban y venían a su antojo haciendo este momento inolvidable.
Siempre tuve el deseo de recorrer Les Alpilles (en verano es casi imposible, cierran los caminos por riesgo de incendios). Ese día decidimos ir hasta la montaña agujereada después continuamos hasta la parte más alta donde alguien se había entretenido en apilar las piedras características del lugar, cogí una como recuerdo y la metí en la mochila.
De nuevo recorrimos los canales y después las calles de Arlés, era mediodía y en la plaza del Forum allí donde V.Van Gogh pinto Terraza de café por la noche decidimos quedarnos a comer.
Regresamos a S.Remy y nos sorprendió la lluvia creando un nuevo marco para un momento inolvidable. MªAngeles leía mientras yo sentado en la mesa tecleaba el ordenador. La lluvia había parado era tarde y decidimos acercarnos al pueblo. Por el camino nos salió al encuentro un sorprendente gato, extremadamente grande y peludo (mezcla de persa y gato común) enseguida por su aspecto lo clasificamos como "gato ermitaño", se acercó ronroneando y... estando más necesitado de comida que de caricias dio media vuelta y con una agilidad que no aparentaba se marchó.
Seguimos el camino hasta el restaurante que ya conocíamos de otra ocasión, allí comimos acompañados de las canciones y la guitarra de un cantautor francés.
El resto de días transcurrieron con la suerte de ver cumplido y realizado todo aquello por lo cual realizamos este viaje. Días tranquilos y felices, haciendo aquello que me gusta y compartido con la persona que quiero. Reconociendo de ante mano, como dice Mª Angeles, que... ¡fue mi viaje!
Comprobando una vez más, que lo esencial, lo que hace que uno se sienta bien es la ilusión que aportes en el proyecto.
La ilusión, mucho más gratificante quizás que la realidad, y las dos cosas juntas hacen que el viaje se convierta en unos días inolvidables.
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