La felicidad no podía ser completa, sin saber como, vino la enfermedad de mi padre, diez largos años, cada vez peor, poco a poco, perdiendo las facultades, hasta quedar postrado en la cama.
Tenía un carácter bastante parecido al mío, quizás por ese motivo en algunas ocasiones no nos poníamos de acuerdo, reconozco que muchas veces en vez de dialogar prefería evadirme, meterme en mi caparazón. Con Mª.Angeles pasaba lo contrario, discutían, ella plantaba cara y quizás debido a esto se fue creando una idea equivocada llegando a pensar que Mª.Angeles tenía un carácter dominante. Por suerte tuvo tiempo para comprobar que ni ella es tan dominante ni yo tan sumiso.
Siento no haber tenido más tiempo para dedicarle, (nunca perdonaré, no haberlo tenido).
Fue en una de las pocas vacaciones que hicieron mis padres, era el mes de Agosto, Mª Angeles y yo alquilamos una casa en Tossa de Mar, estuvieron dos semanas y fueron aquellos días de convivencia los que delataron en mi padre una dificultad al hablar.
Tenía un carácter bastante parecido al mío, quizás por ese motivo en algunas ocasiones no nos poníamos de acuerdo, reconozco que muchas veces en vez de dialogar prefería evadirme, meterme en mi caparazón. Con Mª.Angeles pasaba lo contrario, discutían, ella plantaba cara y quizás debido a esto se fue creando una idea equivocada llegando a pensar que Mª.Angeles tenía un carácter dominante. Por suerte tuvo tiempo para comprobar que ni ella es tan dominante ni yo tan sumiso.
Siento no haber tenido más tiempo para dedicarle, (nunca perdonaré, no haberlo tenido).
Fue en una de las pocas vacaciones que hicieron mis padres, era el mes de Agosto, Mª Angeles y yo alquilamos una casa en Tossa de Mar, estuvieron dos semanas y fueron aquellos días de convivencia los que delataron en mi padre una dificultad al hablar.
¡La laera! ¡la laera! decía, explicando una excursión que habíamos realizado partiendo de la "ladera" de un monte, nos reíamos creyendo que todo formaba parte de esa costumbre tan andaluza de comerse las palabras, después fuimos observando que algo pasaba.
Así empezó todo. A mi madre le ofrecieron un puesto de portera, incluía la vivienda, después de pensarlo aceptó, así que cambiaron de casa, (en ella vivían al principio, mis padres y mi hermana Mª Carmen) fue pasando el tiempo y mi padre perdía facultades.
Llego el día en que dejó de hablar.
El salía a pasear todos los días mientras mi madre quedaba intranquila en la portería, pasaba la mañana dando vueltas y cuando creía conveniente regresaba a casa, me imagino que en más de una ocasión tendría problemas (una vez según me contó mi madre lo trajo la Guardia Urbana y en otra ocasión vino con un golpe en la cara, pues algunas "personas" en su ignorancia pensaban que estaba borracho).
Recuerdo los días en que mi madre me llamaba desesperada porque no podía atenderle, se sentía presa de los trabajos de la portería y la incomprensión de las "buenas personas". Entre semana iba a duchar a mi padre, me costaba mucho, ponía resistencia, me empujaba y yo cogiéndolo y aguantando la ducha, a veces le pedía por favor que me ayudara y parecía que momentáneamente se relajaba un poco, ¡pobre padre! Pasaron más cosas que no diré por respeto a mi madre que con el tiempo también cayó enferma(ella no sabia más, no la culpo, si hay culpables, somos todos).
Un día que yo tenia fiesta y para nuestra información decidí averiguar donde iba, así que lo seguí, se dirigió al metro, fuimos hasta Jaime I y una vez allí andando al parque de la Ciudadela. Se dirigió hacia la puerta del zoológico y llegando se sentó en un banco, aproveché el momento para acercarme a la señora de los lavabos y hablar con ella, le dije si había visto alguna vez a aquel señor, me presenté como su hijo y le expliqué de que se trataba, la señora me dijo que sí, que cada día se sentaba en el mismo banco y que tenía una costumbre que yo tenía que quitarle. Cada día llegaban autocares, y los niños, algunos de ellos tiraban el resto de bocadillo o golosina a la papelera, mi padre los cogía y allí sentado en el banco se lo comía. Le dejé el número de teléfono por si alguna vez hacia falta, le di las gracias y me marché con mi padre. Fuimos andando hacia el lago y pasado el mamut de piedra se sentó, él llevaba paraguas pues el día estaba nublado, empezó a caer gotas y le comente que teníamos que irnos pues ya era tarde y mamá nos estaba esperando, no quiso levantarse y por mucho que insistí, no quería irse, a pesar de todo me levanté, (esperaba que él hiciera lo mismo, pero no fue así) le di un beso y me fui, había andado unos diez metros, me giré y fue cuando vi una imagen que nunca olvidaré y que nunca antes había visto, mi padre sentado en el banco con el paraguas abierto mientras la lluvia caía cada vez con más intensidad. me miraba y quedó solo, solo... como estuvo durante mucho tiempo.
Así empezó todo. A mi madre le ofrecieron un puesto de portera, incluía la vivienda, después de pensarlo aceptó, así que cambiaron de casa, (en ella vivían al principio, mis padres y mi hermana Mª Carmen) fue pasando el tiempo y mi padre perdía facultades.
Llego el día en que dejó de hablar.
El salía a pasear todos los días mientras mi madre quedaba intranquila en la portería, pasaba la mañana dando vueltas y cuando creía conveniente regresaba a casa, me imagino que en más de una ocasión tendría problemas (una vez según me contó mi madre lo trajo la Guardia Urbana y en otra ocasión vino con un golpe en la cara, pues algunas "personas" en su ignorancia pensaban que estaba borracho).
Recuerdo los días en que mi madre me llamaba desesperada porque no podía atenderle, se sentía presa de los trabajos de la portería y la incomprensión de las "buenas personas". Entre semana iba a duchar a mi padre, me costaba mucho, ponía resistencia, me empujaba y yo cogiéndolo y aguantando la ducha, a veces le pedía por favor que me ayudara y parecía que momentáneamente se relajaba un poco, ¡pobre padre! Pasaron más cosas que no diré por respeto a mi madre que con el tiempo también cayó enferma(ella no sabia más, no la culpo, si hay culpables, somos todos).
Un día que yo tenia fiesta y para nuestra información decidí averiguar donde iba, así que lo seguí, se dirigió al metro, fuimos hasta Jaime I y una vez allí andando al parque de la Ciudadela. Se dirigió hacia la puerta del zoológico y llegando se sentó en un banco, aproveché el momento para acercarme a la señora de los lavabos y hablar con ella, le dije si había visto alguna vez a aquel señor, me presenté como su hijo y le expliqué de que se trataba, la señora me dijo que sí, que cada día se sentaba en el mismo banco y que tenía una costumbre que yo tenía que quitarle. Cada día llegaban autocares, y los niños, algunos de ellos tiraban el resto de bocadillo o golosina a la papelera, mi padre los cogía y allí sentado en el banco se lo comía. Le dejé el número de teléfono por si alguna vez hacia falta, le di las gracias y me marché con mi padre. Fuimos andando hacia el lago y pasado el mamut de piedra se sentó, él llevaba paraguas pues el día estaba nublado, empezó a caer gotas y le comente que teníamos que irnos pues ya era tarde y mamá nos estaba esperando, no quiso levantarse y por mucho que insistí, no quería irse, a pesar de todo me levanté, (esperaba que él hiciera lo mismo, pero no fue así) le di un beso y me fui, había andado unos diez metros, me giré y fue cuando vi una imagen que nunca olvidaré y que nunca antes había visto, mi padre sentado en el banco con el paraguas abierto mientras la lluvia caía cada vez con más intensidad. me miraba y quedó solo, solo... como estuvo durante mucho tiempo.
Isaac MILLA Martín, murió (61 años) el jueves 18 de abril de 1985.
Vivió sin padre, siempre trabajando sin apenas compensación. Nos empezábamos ha conocer, no tuvimos tiempo, el tiempo pasa y cuando te das cuenta ya es tarde, cae enfermo, diez años, cada vez peor, la "vida" no se portó muy bien con él).
Siempre pienso que la herencia que me dejó mi padre a sido esa costumbre que tienen los carpinteros de colocarse el lápiz en la oreja.
1 comentario:
papa,me habria gustado tanto conocer al yayo....
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