Era
invierno, hacía mucho frío y en casa sentados alrededor de la mesa camilla; redonda,
con el brasero debajo, estábamos los tres, mi madre mi hermana Rosario y yo,
era de noche y esperábamos a mi padre, era la hora que llegaba del trabajo, el
mantel nos cubría las piernas y la "copa" llena de carbón de orujo… al
rojo vivo, estábamos muy calentitos y mi padre a punto de llegar... fuimos
notando como el sueño se apoderaba de nosotros, al rato nos quedamos dormidos. No
sé cuánto tiempo pasó; despertamos en la calle.
Después mi padre nos contó que nos había sacado a la calle y más tarde había abierto la puerta y las ventanas para que entrara el aire fresco despejando a la vez el monóxido de carbono producido por el brasero. Habría sido una muerte dulce ¡nunca habríamos despertado! ¡el final de nuestras vidas! La suerte fue... ¡que todos esperábamos a mi padre!
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