EL Fernando que era el portero de
nuestro equipo de fútbol, trabajaba de pastelero y me comentó que estaban buscando
un aprendiz. Me presenté. Uno de los problemas, era levantarse a las cuatro de
la mañana y marchar a pie (de noche) a la pastelería Novel, situada en la calle
Roger nº 2 del Clot.
Allí, se preparaban los croissants
y ensaimadas, después había que repartirlas por los bares y tiendas del barrio,
también por el mercado; repartir con una caja de madera encima de la cabeza no me
hacía mucha gracia, más bien me daba vergüenza.
En el frigorífico había sacos de almendras,
se me iban los ojos detrás y… sin poder resistir, cogí unas cuantas, muy poquitas.
(Sentí que estaba cometiendo un
gran robo, ¡un robo de diez almendras!). Aguanté una semana, después, pedí el
despido.
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