viernes, 29 de febrero de 2008

lugares de encuentro – mis libros

Siempre ha habido libros de segunda mano, pero es últimamente que estamos viendo como la gente se desprende de los libros con muchísima facilidad. No quieren guardar algo que ya han leído, se llenan de polvo y ocupan lugar, este puede ser un motivo. También la precariedad de los contratos de viviendas… son de poca duración, por eso procuras tener lo imprescindible, también porque existen las bibliotecas, que no faltan en cualquier barrio y los libros electrónicos (que, aunque a mí no me gusten… son muy prácticos).

Debido a esta situación fueron saliendo más librerías de segunda mano. Recibían donaciones. Encontrabas libros por cualquier rincón de la ciudad, a veces tirados al lado de los contenedores, también gratuitos en los puestos de recogida de residuos.

Debido a esta situación se crearon más librerías de segunda mano. Recibían donaciones. Encontrabas libros por cualquier rincón de la ciudad, a veces tirados al lado de los contenedores, también gratuitos los puestos de recogida de residuos,

Ferran (los encantes viejos)

A Ferran lo conocí en los antiguos Encant Vells. Los días de mercado solía pasarme por su parada, una parada de cosas viejas que esperaban otra oportunidad. Yo le regalaba libros y hacíamos la tertulia. Ferran es una buena persona, vive solo, cuando viaja a otros mercados hace vida en su furgoneta, está delicado de salud, es creativo, tiene una sensibilidad muy especial, le gusta hacer fotografías de cosas muy particulares, las pega en un álbum y escribe letras (yo le doy muchísimo valor y me emociono cuando lo recuerdo) muchas veces me regala libros y me los dedica.

Los Encant Vells cambiaron de lugar y a Ferran el nuevo emplazamiento y especialmente “el diseño no le gusta. Un día encontré su puesto cerrado, pregunté al vecino (Eusebio) y me dijo que últimamente estaba delicado y ahora en este momento estaba ingresado, yo tenía su teléfono, le estuve llamando, pero no me contestaba. Pasó un tiempo y de nuevo nos encontramos, me dio mucha alegría, estaba muy delgado y delicado, nos dimos un abrazo. En alguna de las visitas que yo le hacía estaba agobiado, entonces delicadamente me despedía de él… cuando me vio de nuevo me dijo -eres inteligente, el otro día me encontraba mal, no tenía ganas de hablar y te fuiste, hoy de nuevo, estás aquí… otros pasando lo mismo, ya no vuelven. Ahora su parada está cerrada, han pasado unas semanas, Eusebio, que tenía el teléfono, llamó al hermano y le preguntó por Ferran, este le contestó que estaba ingresado, que no se ponía al teléfono y no quería visitas, había perdido mucho… estaba muy deteriorado. Ya pasaron seis meses y Eusebio me dio la noticia… Ferran había fallecido. Sentí mucho su perdida, siempre me acordaré de él… y pensé en su álbum de fotografías, ese álbum (que yo apreciaba) y que posiblemente, quedará olvidado, sin valor, arrinconado entre las cosas viejas del armario.



Sergio (el librero callejero)

Había venido de Madrid y vendía libros en la puerta del metro (Camp de l’Arpa), agobiado por la urbana decidió legalizar la situación. Yo lo conocí en un puesto del mercado de la Abacería (en Gracia) enseguida nos hicimos amigos, pasamos muy buenos ratos hablando de literatura.

La librería iba muy bien y Sergio disfrutaba con su trabajo, pero las ganancias se las llevaba la dirección. Sergio pasó a ser padre y ahora la cosa iba en serio, tenia que pensar en la economía. Con mucho pesar cerró el puesto de libros.

Estuvo trabajando durante una temporada con otro amigo que yo le presenté, seguía vendiendo libros de segunda mano… pero también tuvo que dejarlo en busca de un sueldo estable, donde (junto con su compañera) alimentar y tirar adelante con los dos hijos que tienen.


Gustavo (de Cercles)

Una librería con mucho encanto, Gustavo es un entendido en la materia, nada interesado y deseoso de compartir literatura. También entendido y amante de la buena música, música que nunca falta en su librería. Pasé muchos momentos conversando con él y sus clientes. Junto a su mujer preparaban pedidos de libros que reparten a través de las redes. Ahora, también han cerrado, ya me quedan pocos sitios donde acudir. Todo esto, siendo algo muy reciente, tristemente, ya forma parte del pasado.

También han cerrado Jordi (Novecento) las señoras (El 7 Peus) de travesera de gracia, Felipe de la papelería de la calle castillejos donde cada día acudía a la tertulia.

Tengo que buscar otros lugares de encuentro, de momento soy socio del huerto comunitario, acuden buenas personas, pero en estos momentos nos tienen confinados y acudo muy poco, y todo por culpa de una pandemia que llaman COVID19.

mis libros preferidos…

Ardiente paciencia (el cartero de Neruda) Antonio Skarmeta-la tregua, Mario Benedetti- el club de los poetas muertos, N. H. Kleinbaum- alguien voló sobre el nido del cuco, Ken Kesey- el guardián entre el centeno, J.D. Salinger- réquien por un campesino español, R. J. Sender- rebelión en la granja, G. Orwell- los santos inocentes, M. Delibes- Fahrenheit 451, Ray Bradbury- Robinson Crusoe, D. Defoe- alzado del suelo, José Saramago- Dersú Uzalá, V. Arseniev- Martin Fierro, José Hernandez- sostiene Pereira, A. Tabucchi- cartas a Teo, V. Van Gogh- Balzac y la joven costurera china, Dai Sijie- la perla, John Steinbeck- Retales y retazos, Pau Milla- primavera con una esquina rota, M. Benedetti- el lector, B. Schlink- el largo viaje, J. Semprún- sin novedad en el frente, E. M. Remerque- la metamorfosis, F. Kafka- casa de muñecas, Henrik Ibsen- La Guerra civil espanyola a Catalunya, Pelai Pagés- amares, E. Galeano- antología poética, Miguel Hernández- 1984, G. Orwell- si esto es un hombre, P. Levi- homenaje a Cataluña, G. Orwell- la escritura o la vida, J. Semprún- la madre, M. Gorki- que me quieres amor, Manuel Rivas- Las habitaciones de atrás, Anne Frank- el disputado voto del señor Cayo, M. Delibes- Hacia rutas lejanas, J. Krakauer- El beso de la mujer araña, Manuel Puig- la guerra del fin del mundo, M. V. Llosa- - el camino, M. Delibes- imán, R. J. Sender- un enemigo del pueblo, Henrik Ibsen- por qué perdimos la guerra, Diego Abad de Santillán y Carlos Rojas- Objetivo: liquidar los anarquistas de Puigcerdà, Josep Quevedo- La efervescencia social de los años veinte, Manel Aisa Pàmpols- Van Gogh y el más allá,  Elías Amézaga- N. y N.  Los catalanes en los campos nazis, Montserrat Roig- La forja de un rebelde, Arturo Barea- y ahora, volved a vuestras casas, Evelyn Mesquida- El canto del búho, Alfonso Domingo- Un pueblo traicionado, Paul Preston- los que fuimos a Madrid, Ricardo Sanz- Ébano, R Kapuscinski-

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