Mis tíos vivían en Cataluña, mi tío destinado como Guardia Civil en Barcelona, anteriormente en Pineda y también en Cubellas.
Nosotros estábamos en Sevilla cuando mis abuelos vendieron la casa de Lora y se fueron a vivir a Barcelona, ( de la venta de la casa mis padres no vieron ni un duro) paso un tiempo y mi madre al estar influenciada por la suya convenció a mi padre para que de nuevo nos trasladáramos.
Llegamos a Barcelona el año 1956 mi hermana Rosario tenía 3 años y yo 7, no teníamos casa y, como creo, estaba previsto, nos quedamos a vivir en la de mis tíos hasta que mis padres pudieran situarse, cosa que según pudimos comprobar nos llevo unos cuantos años. En la casa éramos 11 personas, mis tíos, mi primo, mi prima, mis abuelos, la madre de mi tío, mis padres, mi hermana y yo. Nosotros cuatro hacíamos "vida" en una habitación de unos diez metros cuadrados tanto de día como de "noche", la convivencia lógicamente no era buena (teníamos que habernos ido antes) pero el sueldo de mi padre no daba para mucho. Siempre le oí decir que de haber venido solo a Barcelona se habría vuelto a los pocos días para Sevilla. En aquella casa pase los peores años de mi vida de los 7 a los 12, 5 años muy importantes para un niño.
Como algo agradable, recuerdo la radio, el programa "Matilde Perico y Periquín" aquel niño siempre haciendo travesuras y al final, el estribillo ¡no, nene pupa, no! muy típico de aquellos tiempos. Los domingos por la mañana recuperábamos nuestras raíces escuchando "Andalucía en Cataluña" flamenco y coplas se oían por la casa a la par de las protestas de mi primo que nos tachaba de "charnegos".
Nosotros estábamos en Sevilla cuando mis abuelos vendieron la casa de Lora y se fueron a vivir a Barcelona, ( de la venta de la casa mis padres no vieron ni un duro) paso un tiempo y mi madre al estar influenciada por la suya convenció a mi padre para que de nuevo nos trasladáramos.
Llegamos a Barcelona el año 1956 mi hermana Rosario tenía 3 años y yo 7, no teníamos casa y, como creo, estaba previsto, nos quedamos a vivir en la de mis tíos hasta que mis padres pudieran situarse, cosa que según pudimos comprobar nos llevo unos cuantos años. En la casa éramos 11 personas, mis tíos, mi primo, mi prima, mis abuelos, la madre de mi tío, mis padres, mi hermana y yo. Nosotros cuatro hacíamos "vida" en una habitación de unos diez metros cuadrados tanto de día como de "noche", la convivencia lógicamente no era buena (teníamos que habernos ido antes) pero el sueldo de mi padre no daba para mucho. Siempre le oí decir que de haber venido solo a Barcelona se habría vuelto a los pocos días para Sevilla. En aquella casa pase los peores años de mi vida de los 7 a los 12, 5 años muy importantes para un niño.
Como algo agradable, recuerdo la radio, el programa "Matilde Perico y Periquín" aquel niño siempre haciendo travesuras y al final, el estribillo ¡no, nene pupa, no! muy típico de aquellos tiempos. Los domingos por la mañana recuperábamos nuestras raíces escuchando "Andalucía en Cataluña" flamenco y coplas se oían por la casa a la par de las protestas de mi primo que nos tachaba de "charnegos".
Rosalia de Castro, 63
Jugábamos en el rellano de entrada al edificio, la puerta de hierro forjado en la que destacan círculos en la parte alta y una especie de cruz en la baja, entraron a formar parte de nuestro entretenimiento, utilizando las figuras como cerco y pasando nuestro cuerpo de un lado a otro sin apenas esfuerzo. Ahora transcurrido los años y viendo la puerta me parece imposible que yo haya podido ser tan pequeño.
La calle Rosalia de Castro, en el barrio del Guinardó era la que yo vivía, al igual que el resto del barrio estaba sin asfaltar y allí en la tierra se desarrollaban casi todos los juegos. Con un tacón de un zapato viejo y unos cuantos cromos ya podíamos empezar a jugar, todo consistía en tirar el tacón, aquel que conseguía que el suyo quedara encima del otro le ganaba los cromos que había apostado. Haciendo un hoyo en la tierra jugábamos a las canicas. Jugábamos a fútbol, no existía el problema de los coches y por lo tanto tampoco el peligro (cuesta imaginar una calle sin coches) los huertos estaban por todo el barrio y también algunas fabricas como la Gutzzi situada en lo que hoy es Sport Dyr S.A., la OSSA en la calle "Buena suerte" (Cinturón de Ronda) en la que tantos partidos de fútbol habíamos realizado, el cuartel de la Guardia Civil. Arriba en la calle Castillejos se encontraba la "montaña roja" y a continuación y tocando la Avda. Montserrat la "montaña negra" nombre que tomaban por el color de sus tierras, todo esto ha quedado bajo la construcción que se han ido realizando, recuerdo que uno de los primeros pisos en construirse fueron los populares "Pisos Azules" situados al lado de las "Escaleretas" .
La familia del Emilio, tenían el negocio de matar y desplumar pollos, en aquella época el pollo solía visitarnos solamente los domingos o cuando estabas enfermo, esta familia fue en nuestra calle de las primeras en tener coche, tenían uno que era mitad coche mitad furgoneta, (lo que ahora veríamos como un cacharro) siempre cargado de gavias con pollos o gallinas y el día que se escapaba una de estas aves ¡ya estaba la fiesta en marcha! plumas, griterío, corridas, niños para aquí, niños para allá hasta que por fin, sin estar muy convencido de ello, cogíamos al pobre animal muerto de miedo.
No todo era inocencia, la violencia salía en algún juego, uno de ellos creo recordar que le llamábamos "balen" consistía en un niño que paraba, este se inclinaba mientras los demás saltábamos por encima de el realizando piruetas, el primero en saltar daba la orden y el resto ejecutaba, patadas, golpes, etc. la agresividad de algún niño con el que paraba era tal, que muchas veces te hacían saltar las lágrimas (no entendía ni entiendo la maldad, aunque por desgracia esta presente allí donde se encuentre el hombre).
Recuerdo los nombres de algunos compañeros y amigos de aquella época, el Diego, el Tani, el Adolfo y el Juan Vila, el Riau, Silverio, el Emilio, el Suso, el Antonio y su primo "Rafael" mi mejor amigo de juventud, no tuve problema con ninguno, en una ocasión "cosas de mi madre" les preguntó ¿como es mi Jacob? a lo que contestaron ¡su Jacob es un Santo!
La calle Rosalia de Castro, en el barrio del Guinardó era la que yo vivía, al igual que el resto del barrio estaba sin asfaltar y allí en la tierra se desarrollaban casi todos los juegos. Con un tacón de un zapato viejo y unos cuantos cromos ya podíamos empezar a jugar, todo consistía en tirar el tacón, aquel que conseguía que el suyo quedara encima del otro le ganaba los cromos que había apostado. Haciendo un hoyo en la tierra jugábamos a las canicas. Jugábamos a fútbol, no existía el problema de los coches y por lo tanto tampoco el peligro (cuesta imaginar una calle sin coches) los huertos estaban por todo el barrio y también algunas fabricas como la Gutzzi situada en lo que hoy es Sport Dyr S.A., la OSSA en la calle "Buena suerte" (Cinturón de Ronda) en la que tantos partidos de fútbol habíamos realizado, el cuartel de la Guardia Civil. Arriba en la calle Castillejos se encontraba la "montaña roja" y a continuación y tocando la Avda. Montserrat la "montaña negra" nombre que tomaban por el color de sus tierras, todo esto ha quedado bajo la construcción que se han ido realizando, recuerdo que uno de los primeros pisos en construirse fueron los populares "Pisos Azules" situados al lado de las "Escaleretas" .
La familia del Emilio, tenían el negocio de matar y desplumar pollos, en aquella época el pollo solía visitarnos solamente los domingos o cuando estabas enfermo, esta familia fue en nuestra calle de las primeras en tener coche, tenían uno que era mitad coche mitad furgoneta, (lo que ahora veríamos como un cacharro) siempre cargado de gavias con pollos o gallinas y el día que se escapaba una de estas aves ¡ya estaba la fiesta en marcha! plumas, griterío, corridas, niños para aquí, niños para allá hasta que por fin, sin estar muy convencido de ello, cogíamos al pobre animal muerto de miedo.
No todo era inocencia, la violencia salía en algún juego, uno de ellos creo recordar que le llamábamos "balen" consistía en un niño que paraba, este se inclinaba mientras los demás saltábamos por encima de el realizando piruetas, el primero en saltar daba la orden y el resto ejecutaba, patadas, golpes, etc. la agresividad de algún niño con el que paraba era tal, que muchas veces te hacían saltar las lágrimas (no entendía ni entiendo la maldad, aunque por desgracia esta presente allí donde se encuentre el hombre).
Recuerdo los nombres de algunos compañeros y amigos de aquella época, el Diego, el Tani, el Adolfo y el Juan Vila, el Riau, Silverio, el Emilio, el Suso, el Antonio y su primo "Rafael" mi mejor amigo de juventud, no tuve problema con ninguno, en una ocasión "cosas de mi madre" les preguntó ¿como es mi Jacob? a lo que contestaron ¡su Jacob es un Santo!
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