Quedó demostrado, (por si había dudas) que el hecho de ser una clínica privada no representa mejor servicio.
7 de octubre de 1976. A las nueve de la mañana nace nuestra hija Jana. A las diez le digo a mi padre que marche para casa y que informe a mis suegros que su hija y la niña están bien, con el lógico enfado de mi padre, que no entendía (ni yo tampoco) ¡que no estén con su hija! (la clínica se encuentra a solo tres calles de nuestras casas). Mi padre pasa por la de mis suegros y lo encuentra durmiendo, y como es típico en él (siempre dando órdenes) le dice a mi padre. -¡Vaya a llamar a la Paquita que está trabajando en el colegio!. Después mi padre me comentó que le había dicho. -¡Levántese!... y ¡vaya usted!... si quiere. Aunque lo que pensó fue… (¡vaya usted con los cojones!)
Jana de pequeña, a veces era muy activa, otras veces se entretenía con poca cosa, siempre muy sociable y risueña. Le gustaba mucho los cuentos, de ahí quizás, la afición a la lectura.

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