Los primeros meses de embarazo, Mª Ángeles (28 años) tuvo que hacer reposo, tenía la placenta previa. Ella, según la ecografía le dijeron que era un niño pero que no se veía muy claro, por eso, sabiendo la ilusión que me hacía no me dijo nada, no quería equivocarse. -Supongo que uno de los motivos por lo que yo quería un niño era el hecho de tener dos hermanas, una mujer y una hija-. Se acercaba el día, llegó mi cumpleaños (24 de junio) y pasado dos días, el 26, Mª Ángeles rompió aguas, acudimos al Hospital de Sant Pau, estuve a su lado y mirando el monitor que marcaba las contracciones, a Mª Ángeles -como luego me dijo y era lógico-… no le hacía falta para nada el monitor. Estaba a punto de salir nuestro hijo… y entre el monitor, las contracciones, la doctora, las enfermeras y la tensión del momento, por precaución y por no hacer el ridículo, les dije que me salía (me estaba mareando), salgo al pasillo y ya estaba el niño en el mundo, vuelvo a entrar y ya no me acuerdo de los mareos. Eran las nueve de la noche cuando nació nuestro hijo Pau. Mi hermana Rosario se presentó con unas tijeras. Yo había dicho que si era un niño ¡me cortaría la barba! al día siguiente en casa, en el terrado me fui afeitando. (una tontería y excusa para renovarla).
A Pau de pequeño, le contaba un cuento, siempre me pedía el mismo "la guerra de los botones" -yo siempre lo hacía diferente, me lo inventaba- esperábamos el final, para, de manera inocente reírnos, y reíamos cuando al más pequeño por falta de botones se le caían los pantalones.
Una vez le pisó el rabo a un
perro, y… ¡le pidió perdón!
Otra vez me preguntó -¿cómo tenía
que hacer si algún día tenía que educar a una criatura? Le dije que cuando llegara
el momento ya sabría que hacer… pero que siempre, por muy pequeño que fuera lo
tratara como lo que es… ¡una persona! … (hoy, Pau es Educador Social y Vividor…
porque vive la vida).

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